¿Era de cambios o cambio de Era?

Capítulo 1

¿Era de cambios o cambio de Era?

Beatriz

Beatriz abrió los ojos y miro el techo de la habitación desde la cama, mientras pensaba que había que darle una buena mano de pintura y quitarle también unas pequeñas grietas en las esquinas; instantáneamente en su mente visualizo la agenda de pintores de casas a los que había llamado recientemente, descartando aquellos que no le gustaron e intentando recordar el número de teléfono de dos de ellos para llamarles, a la vez que pensaba si no sería conveniente cambiar además el color blanco que tenía y hacerlo más acorde con el raído sofá y la única silla que había, todo de color blanco. Quizás un tono más cálido, más acogedor que junto a las cortinas que también precisaban un cambio importante, y esa ventana algo alta. Por cierto, tenía que llamar sin falta a…

¡¡¡PARA!!! Sonó de repente una voz en su interior.

Se quedó perpleja al escuchar, sin oír, esa voz clara, rotunda, profunda e imperativa, una sola vez, sin ecos repetitivos.

¡¡¡PARA!!!

Ya la había oído en otras ocasiones y no le había hecho caso. Pero ahora eran circunstancias diferentes así que se tomó el tiempo de escucharla, de sentir la voz, de descubrir de dónde venía y, sobre todo, de seguir sus indicaciones. PARAR. Esta vez no podía permitirse el lujo de no hacerle caso.

Provenía, o así lo sentía ella, del centro de su pecho, de su corazón. Tendida en la cama se centró en su corazón. Había una sensación singular. Sentía que había algo más que solamente un pulsar acompasado en el centro de su pecho. Que esa voz sin ningún género de dudas había brotado de allí. Era una certeza.

¿O quizás se estaba volviendo loca? NO, en absoluto loca

¡¡¡Era una certeza!!!

Llevó la mano derecha a su corazón y se focalizo en el mismo. Sintió suavemente sus latidos y, cerrando los ojos suavemente para ser aún más consciente, comenzó a inspirar y espirar en ritmo cinco.

Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… Inspiro… Espiro… y se detuvo.

Entonces “Contempló”. Ya había aprendido que el presente no mata.

Lo realizo con tranquilidad dieciocho veces, tenía un truco para ello. La enfermera del hospital se lo enseño tan pronto como se “despertó”. Le fue guiando paso por paso, lentamente, hasta que lo aprendió. Y suavemente le susurro en el oído: “Te hará mucho bien. Úsalo con frecuencia, más cuando estés bien, que cuando estés mal”.

 

Parar. Contemplar. Avanzar.

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